Chile y la lucha por una educación gratuita. Síntesis de la experiencia de la lucha estudiantil en chile

por  Marilina Arias

La educación en Chile se encuentra bajo las normas de las leyes de mercado y la imposición de la represión desde la niñez, que prepara para trabajos precarios y para bajar la cabeza en el mundo laboral. Pero durante los 3 meses de autogestión en el A-90 ocurrieron acontecimientos inéditos en un colegio municipal que atiende a hijos de obreros subcontratados, pobladores, inmigrantes peruanos y colombianos, y muchos jóvenes que trabajan desde 8° básico. Acontecimientos inéditos en un colegio que en 1973, meses antes del golpe, hervía de política, con profesores y alumnos del PS, del PC, del MIR, que iban a las reuniones del Cordón Industrial Vicuña Mackena, o que eran parte del Cordón Industrial Cerrillos – Maipú. En el colegio que había pasado de tener 4.000 estudiantes a tener 179 en el 2011, fruto del neoliberalismo y del cierre de la educación básica hecho por el alcalde Palestro el 2010, todo había cambiado: las relaciones entre profesores y estudiantes, los métodos educativos, la forma de concebir la “disciplina”, el enfoque del conocimiento….

De la dictadura pinochetista a la “generación que nació sin miedo”

La dictadura militar chilena arrasó con lo más avanzado del movimiento obrero, estudiantil, la izquierda, e inició un proceso de contrarreformas neoliberales, su constitución de 1980 continúa vigente hasta la fecha. Su trabajo consistió en revertir las medidas de nacionalización parcial de los gobiernos anteriores y la entrega de las riquezas naturales a las multinacionales. Luego de la transición pactada entre los militares, la derecha y la Concertación; los gobiernos venideros garantizaron la conservación y continuidad de la obra de la dictadura.
En marzo de 2010 entraba al Palacio de La Moneda como presidente de la República, uno de los empresarios más acaudalados de Chile, Sebastián Piñera, militante de Renovación Nacional (RN), apoyado por la Coalición por el Cambio. Era la primera vez que la derecha llegaba al gobierno tras la dictadura. La Concertación, que durante 20 años dominó el poder ejecutivo continuando la herencia neoliberal, era derrotada y pasaba a la oposición.

En Chile los datos estadísticos evidencian la realidad de precarización del régimen: la mayoría de los trabajadores son pobres, el 76% ganan menos de 350 mil pesos líquido y el salario no alcanza para vivir, el nivel de endeudamiento de los hogares llega al 60%  del ingreso disponible, casi el 100% de los trabajadores están endeudados. La lucha por la educación gratuita lo graficó muy bien: para poder estudiar hay que endeudarse de por vida con los bancos privados. Eso fue lo que detonó la explosión social el año pasado. La educación básica, media, universitaria y técnico-profesional en su gran mayoría está privatizada, y el Estado entrega millonarios subsidios a los empresarios de la educación, lo mismo que en salud.

2011 en Chile: Un antes y un después

En el 2011 emerge un nuevo ciclo en la historia de Chile con la irrupción abrupta de la lucha de clases, y centralmente la enorme lucha por la educación gratuita que golpeó fuertemente al régimen. En enero de 2011 se inició este cambio con el levantamiento popular en Magallanes contra el “gasolinazo” del gobierno que pretendía aumento del 16,8%, luego fueron las marchas de decenas de miles contra el proyecto hidroeléctrico de la multinacional HidroAysén y dio un salto con la lucha de masas abierta encabezada por el movimiento estudiantil por la educación gratuita. Seis meses de lucha, con paros, tomas, marchas de cientos de miles en todo el país, enfrentamientos con la policía, barricadas, cacerolazos y apoyo popular de millones. Si bien la lucha no logró imponer la educación gratuita –centralmente debido a la política moderada de las direcciones, de mesas de diálogo estériles y presión parlamentaria– sacudió la cabeza de millones e hizo aparecer una nueva “generación sin miedo”, una juventud que emergió con odio al régimen y que no temió enfrentarse al gobierno y a su policía.

Es que en Chile lo que se encuentra cuestionado es el régimen, “Una crisis de representación” que se expresa en el rechazo a todas las instituciones en las encuestas, y en las calles en la cada vez mayor y diversa lucha de clases. La “crisis de los de arriba” abre mejores oportunidades para la emergencia de “los de abajo”.

La explosión estudiantil de mediados de año por la educación gratuita y contra el negocio de la educación –cientos de empresarios e instituciones privadas son subsidiados por el Estado, y se amansan millonarios recursos con el masivo endeudamiento con bancos– de cientos de miles en las calles y apoyada por millones (80% de la población), cambió profundamente la situación nacional y alteró de conjunto la relación de fuerzas: marcaba el inicio de una nueva etapa o ciclo en el país, un ciclo que estará atravesado por mayores eventos de la lucha de clases y la posibilidad de que emerjan enormes enfrentamientos y batallas con un régimen neopinochetista caduco heredado de la dictadura, sostenido y profundizado por la Concertación y la derecha. Además, por la radicalización política de amplios sectores de la juventud secundaria y universitaria, sobre todo en los liceos (miles de ellos entrarán a las fábricas, los estudiantes secundarios de la juventud técnico-industrial que se han plegado activamente en 2006 y en 2011).

Esta lucha de masas alteró profundamente la relación de fuerzas. Si bien no se obtuvo un triunfo, el movimiento tampoco fue derrotado por un gobierno que estaba muy debilitado, que buscó derrotar la lucha con la represión abierta, que se llevó la vida de un estudiante secundario y que hoy se intenta recomponer. Esto es lo que explica que las fuerzas del movimiento estudiantil, aunque ya no están en ascenso, se han venido manteniendo durante este 2012 con movilizaciones masivas de hasta 150.000 personas, como las que vimos el pasado mes de junio.
EL LICEO A- 90: UNA EXPERIENCIA
El Liceo A-90 se encuentra en San Miguel, una comuna de la zona sur de Santiago, y tiene casi 50 años de historia. Este liceo es una muestra viva de la ruina de la educación pública en chile. Si en sus mejores años atendió a más de 4.000 estudiantes, hoy cuenta con una matrícula de apenas unos 170 jóvenes. A su alrededor, han surgido una serie de liceos particulares subvencionados, que captan la matrícula de los estudiantes del sector. El 2010, este colegio sufrió un importante golpe: el alcalde Julio Palestro, del Partido Socialista, decidió cerrar la matrícula desde kinder a 6º básico.
El enorme movimiento estudiantil que se ha desarrollado durante el 2011, también ha tocado la puerta de este liceo periférico. Ese año el A-90 ha sido parte de la importante lucha que levantó el movimiento estudiantil secundario y universitario por la educación gratuita, la cual llegó a ser apoyada por el 80% de la población.
Las demandas que los estudiantes levantaron a lo largo de esta histórica movilización, rápidamente avanzaron a cuestionar uno de los pilares privatizadores heredados de la dictadura militar, como es la educación de mercado en los colegios, liceos y universidades. La precarización y privatización en la educación es una realidad brutal que recae sobre los hombros de las familias trabajadoras y populares, es por esto, que los estudiantes del A-90 levantaron la demanda de la educación gratuita y de calidad para todos/as, al mismo tiempo que adherían al “tomazo” nacional que convocó la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios)al inicio de la movilización, al cual se plegaron más de 700 liceos a nivel nacional, cuando todas las universidades del CRUCh paralizaron en conjunto con un importante número de establecimientos privados, transformándose estas tomas y paros, en el corazón de la movilización.

Los educadores fuimos educados, los educados se hicieron educadores.
¿Qué fue la autogestión? Una toma productiva basada en la unidad de los estudiantes en toma, con apoderados y profesores. Los tres estamentos organizaron el funcionamiento del liceo, sin directivos, sin inspectores generales, en base al autogobierno triestamental. Con eso, en la práctica, cuestionaron las formas jerárquicas de gobierno escolar, la supeditación de los directivos a la voluntad del sostenedor de turno, en este caso el alcalde Julio Palestro (PS). Los estudiantes, tiempo después, redactarían un petitorio donde exigían un consejo escolar resolutivo abierto a quien quiera ir, la elección a través de sufragio de todos los estamentos, de la directora o director del colegio, y acabar con la “disciplina” mecánica que cae en el ridículo al prohibirles besarse en el patio o usar aros. Nunca la directiva del colegio buscó de manera activa intentar responder a alguna demanda. Tampoco la municipalidad.

El lunes 13 de junio del 2011, a las ocho y media de la mañana, los profesores del Liceo Luis GalecioCorvera, A-90, llegaron al establecimiento a trabajar. El colegio había sido tomado. Frente a las puertas del colegio, en la enorme Plaza Llico de San Miguel, alrededor de 15 docentes, los directivos, los paradocentes y los auxiliares, mirában a los jóvenes que colgaban lienzos por la gratuidad de la educación y reían a carcajadas. Aparentemente todos los docentes solidarizaban con la toma. Quizá quienes no lo hacían se callaban la boca. Los directivos estaban inquietos, y la directora, claramente descolocada.

De pronto apareció Cristóbal Espinoza, uno de los voceros de la toma, quien comunicó que ni la directora, ni el inspector general podían ingresar al colegio. Por el contrario, los profesores tenían las puertas abiertas para hacer asambleas y para compartir con los estudiantes. El “veto” de los directivos se debía a que éstos les hicieron una “encerrona” a dos voceros del movimiento, justo antes de la toma, para que no “revolvieran las aguas” y ni pensaran en tomarse el colegio. El inspector general se sorprendió por el veto, siempre había intentado presentarse como un amigo de los estudiantes, como una persona con posiciones de izquierda. Pero los estudiantes, antes que muchos profesores, vieron que el “rol” de este personaje era mantener el “orden” de acuerdo a los lineamientos de la municipalidad.
Una profesora organizó una colecta entre el personal del liceo, y al poco rato aparecieron bolsas con mercadería. Los profesores debían ir a firmar todos los días, y no tenían un lugar, salvo la plaza. El segundo o tercer día de toma hubo un desalojo. A los estudiantes los acusaron de robo. La directora dijo que “este es un movimiento delincuencial y no un movimiento estudiantil”. Se habló de un video que nunca apareció. Una estudiante se encadenó en la puerta. Todos los jóvenes gritaban por la renuncia de la directora. Los profesores, si bien simpatizaban con el movimiento a nivel nacional, no comprendían por qué los estudiantes del A-90 se habían puesto contra las autoridades de su propio liceo. Muchos lo comprendieron más tarde.
El establecimiento fue retomado. Una y otra vez desalojado. Una y otra vez retomado por los jóvenes que saltaban rejas y volvían a la carga por defender su toma. Era julio. Esos días se hizo público que los guardias municipales les habían ofrecido vino y que uno de ellos incluso exhibió algo parecido a una pistola buscando intimidarlos en una de las retomas. Esa represión impactó a los apoderados. Una vez ayudaron en la retoma. Incluso apoderados cuyos hijos no estaban en toma. Esto pasaba porque lo que estaba en juego era obtener la gratuidad de la educación, no para un futuro indeterminado, sino en el instante. Algunas madres convencían a sus propios hijos de apoyar la toma, aunque sea yendo en las tardes, porque de ese único modo podrían estudiar gratis el 2013, cuando salieran del colegio secundario.
El 18 de septiembre docentes tomaron la inciativa de preparar un asado en la toma para los jóvenes y sus apoderados, no porque les importara la “fiesta nacional”, sino porque les disgustaba la idea de que los estudiantes en toma tuvieran que conformarse con el aroma a carne y para aprovechar a conocerse. “Vamos a pasar la Navidad en el colegio” fue uno de los chistes que circulaban ese día. Así ocurrió. La Municipalidad de San Miguel se animó a desalojar sólo el 26 de diciembre, al mediodía.
Durante septiembre el gobierno de Sebastián Piñera lanzó a la luz pública su plan “Salvemos el año escolar”, dirigido a los alumnos de establecimientos tomados. Este plan buscaba aislar a los activistas que sostenían las tomas, y captar a sectores del estudiantado para que hagan clases en recintos alternativos. Pero este plan fue un fracaso: alrededor de 40.000 estudiantes en todo el país no se inscribieron. En Santiago Centro, 11.000 estudiantes –la mitad de los matriculados- no se inscribió. En el Liceo A-90, según los datos que nos han dado los protagonistas de su lucha, apenas se inscribieron 30 personas. Pero esta no fue la única ofensiva del Gobierno, a esto le siguió una “campaña del terror”: los alumnos que no se inscribieron, repetirán de curso. Buscaba con eso generar un efecto de castigo, y poner a sus padres y apoderados en contra de la lucha.
Mientras ocurría esto, los principales dirigentes del movimiento aceptaban por segunda vez subirse a la mesa de diálogo con el gobierno, sin exigir la educación gratuita como piso mínimo. Se producía, de ese modo, una situación de incertidumbre. Había que evitar que los activistas que sostienen la toma quedaran aislados del resto de sus compañeros y de sus padres y apoderados. Por esos días también estudiantes del A-90 asistían a una charla de obreros de Zanón en la Casa Central de la Universidad de Chile. Fue de ese modo como surgió la idea de la autogestión.

De la escuela sin clases, a la lucha de clases

Los estudiantes y docentes han desafiado el modelo educativo actual, la estructura de poder vigente en los colegios y liceos, y han sostenido la movilización aún durante la toma, dando aires nuevos al colegio. Nos han demostrado la capacidad que tenemos de cambiar las cosas los tres estamentos juntos: estudiantes, docentes y padres. Se han transformado en un ejemplo para colegios emblemáticos y particulares subvencionados que este año continuaron en la lucha por la gratuidad de la educación.
Pero todo esto, no ha sido fácil. Tuvieron que vérselas con una ofensiva muy potente desde la municipalidad para ponerlos de rodillas, ha sido una verdadera campaña del terror por parte de los directivos y autoridades gubernamentales, que veían que un colegio que pretendían cerrar ese año para venderlo a una universidad privada, les demostraba que ellos no eran necesarios, que se podía funcionar sin el autoritarismo en nuestras aulas.
A esta lucha se unieron los profesores y apoderados de manera activa, luchando codo a codo con los estudiantes, decidiendo impulsar la autogestión de su liceo. Es así, como no sólo cuestionaron la venta de un derecho básico contraponiéndolo a la necesidad de la Educación Gratuita, sino que también cuestionaron la forma de administrar la educación, mostrando que es posible que se organice a través de los tres estamentos. Los profesores hicieron clases, organizados con los estudiantes y apoderados, definieron juntos el contenido de aquéllas, los horarios, talleres, asambleas, paros y marchas. Establecieron además una relación entre ellos de afecto, compañerismo y lucha, que no se ve en ningún otro liceo.
Los estudiantes se sentían más libres y dispuestos a aprender sin la hostigante autoridad de directivos e inspectores. Establecieron juntos las reglas de funcionamiento del liceo como fue el retirar la exigencia del uso de uniforme, permitiendo que los estudiantes pudiesen expresarse libremente, crearon una comisión de disciplina con los tres estamentos para discutir y reflexionar juntos como mantener el liceo y potenciar la autodisciplina, entre otras muchas cosas.
Los profesores a pesar de las amenazas de las autoridades apoyaron a los estudiantes y decidieron ser parte de un proyecto de lucha que demuestra en pequeñito que es posible una educación organizada por sus actores fundamentales. Su vocación docente fue ejemplar, ya que continuaron haciendo clase bajo nuevas bases e hicieron de la educación gratuita, parte de su propia lucha.
Por su parte, los apoderados levantaron asambleas todas las semanas para apoyar el movimiento y discutir cómo debían funcionar los liceos y la educación en su conjunto, dejando en claro que la demanda por la educación gratuita es una demanda de todas las familias trabajadoras y populares. El colegio tomado continuó sus clases autogestionadas, aunque sabiendo que estaban en lucha votaron en asamblea que no se dictarían clases los días de movilización y acciones del movimiento estudiantil.

Lo que hicieron es un gran aporte al movimiento estudiantil. Es coherente con la lucha por la gratuidad de la educación. Autogestión no es generar los propios recursos. El Estado debe financiar la educación. Autogestión es controlar un espacio en base a la autoorganización. Identificar autogestión con “generar los propios recursos” o un pequeño emprendimiento es asumir una lógica mercantil ajena a la lucha por la educación gratuita.

Del mismo modo, la autogestión no es incompatible con la planificación de la educación en el terreno nacional. Si surgieran por doquier comités de estudiantes, apoderados y profesores, ¿acaso no podríamos realizar encuentros nacionales para planificar la educación? ¿No podríamos poner en pie una Escuela Nacional Unificada basada en nuestros intereses como explotados y oprimidos sin injerencia del Estado?
A un año de la autogestión en el A-90 es necesario abrir estos debates.
El 2012, en varios liceos, los estudiantes votaron la “autogestión”. Es el caso del Benjamín Vicuña Mackena, de La Florida, del Confederación Suiza, de Santiago Centro y del BHA de San Miguel. Lo mismo ocurrió en Antofagasta en el Liceo Marta Narea. En esta ciudad incluso, el jueves 27 de septiembre, 300 estudiantes marcharon por la “autogestión”. El Diario de Antofagasta, comentaba: “Las consignas de esta marcha fueron la propuesta de autogestionar los liceos en toma, lo que significa que quieren hacer clases en conjunto con los profesores, pero sin tener necesidad de bajar las movilizaciones, por lo cual como medida de presión, no quieren recibir la subvención entregada por la municipalidad.” El A-90, lejos de ser una experiencia aislada y olvidada, se había convertido en un ejemplo de lucha a seguir.
Han puesto en evidencia que si nos unimos los trabajadores de la educación con los estudiantes, y sus familias trabajadoras somos capaces de todo, incluso de poner a funcionar un colegio sin directivos designados, sin “patrones” que no hacen más que defender los intereses de la educación de mercado. Esta es una experiencia, una huella, que no se borrará.

Desarrollando la solidaridad internacionalista: la 9 de Abril pisó las calles de Santiago

Durante el proceso de lucha, desde la Secretaría de DD. HH con Alicia Navarro Palacios, y a partir de una fructífera discusión en un plenario de la Corriente 9 de abril, nos propusimos impulsar un viaje a Santiago de Chile de una delegación de docentes, para acompañar a los trabajadores y estudiantes chilenos en la marcha del aniversario del golpe. Nuestra campaña militante por desarrollar la solidaridad de clase internacionalista en cada aula y en cada escuela la acercamos a los compañeros maestros de Chile.

Muy distinto a los viajes relámpago de Baradel, que la docencia, si se enteró fue por los diarios, nuestra delegación compuesta por compañeros de la directiva de Ademys, como Carlos Oroz y Jorge Adaro, que fue votada, fue una decisión producto de discutir por qué viajar y para qué.

El viaje tuvo sus recorridas junto a los compañeros del PTR -partido hermano del PTS en Chile- y sus dirigentes obreros y estudiantiles, por los colegios tomados, como el LICEO A-90 y los barrios para tener reuniones con los docentes y los jóvenes que bancan las tomas y se suman a las movilizaciones, también visitando a los mineros de Rancagua.

Fuimos también a contarle a todos los compañeros docentes y estudiantes que el discurso oficial del gobierno K del “acá en Argentina está todo bien” es una farsa, ya que cuando Yasky y Moyano cortaban la cordillera en “solidaridad” por Chile, en Jujuy se tomaban tierras y se asesinaban a los luchadores.

Estuvimos en una entrevista con la plana mayor de la CUT para discutir la política de la central. Más de un burócrata tuvo que morderse la lengua cuando les planteamos que la política de plebiscito saca la lucha de las calles, donde es más fuerte, que iba en contra de la lucha que sostienen los estudiantes por la educación pública y gratuita.

Aprovechando el viaje, y esta enorme experiencia de lucha, desde Argentina, organizamos una video-conferencia. El sábado 10 de Septiembre, en las vísperas del aniversario del golpe, se reunieron en el IPS (instituto de Pensamiento Socialista- Carl Marx) decenas de compañeros docentes. En Chile también se juntaron un puñado de compañeras maestras, apoderadas y estudiantes, junto a los camaradas Juan Valenzuela y Bárbara Brito, para intercambiar sobre la situación. Se abrieron importantes reflexiones y pudimos conocernos las caras los que luchamos a ambos lados de la cordillera por la misma causa.

Nuestra necesidad de construir una corriente nacional docente clasista y combativa, que se piense como parte de la lucha de todos los trabajadores, que ponga en pie ante cada hecho de la lucha de clases a nivel nacional e internacional se vuelve más necesaria.

Corriente Nacional 9 de Abril/ Lista MarrónTrabajadores/as de la educación

-PTS e independientes-www.la9deabril.org.ar

Category: Revista Cuestionando desde el marxismo

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