¿Por qué y para qué construir bachilleratos populares?

Julieta Azcarate-Luciana Elger Vargas-Mariela Petris (docentes de la Corriente Nacional 9 de Abril)

El sistema educativo actual fomenta la exclusión.

Los bachilleratos populares, así como algunos planes pedagógicos alternativos que ofrecen los diferentes gobiernos, surgen como respuesta a esta exclusión, respondiendo a un determinado proyecto político.

La creación de bachilleratos populares tiene sus orígenes en los ’90 (al menos como los conocemos en nuestro país), pero tuvo su “auge” a partir de 2001.

Por lo general están vinculados a organizaciones o movimientos sociales, que tienen la necesidad de que algunos de sus miembros terminen los estudios secundarios, como también dan esa posibilidad a otras personas de la comunidad, facilitando entonces una vía para cumplir con esta necesidad sin tener que pasar por el circuito estatal, que por su estructura, régimen y los propios objetivos del sistema educativo, son expulsivos.

Pero la creación de bachilleratos populares responde no sólo a esta necesidad concreta sino que está sostenida por un determinado proyecto político.

El aspecto fundamental que queremos cuestionar es el vinculado con este aspecto: la “estrategia política”, que subyace a los bachilleratos populares. De este aspecto, se derivan todas nuestras diferencias.

Un primer punto es que la estrategia política está relacionada con una forma de concebir la transformación social, con la que no acordamos.

Otro aspecto, para nosotros discutible, está directamente vinculado al anterior y tiene que ver con la relación contradictoria entre los bachilleratos populares y el estado. Es decir, la contradicción entre pedir reconocimiento estatal y pretender mantenerse al margen.

En cuanto al primer punto, queremos señalar, en primer lugar, que el proyecto político de quienes sostienen la creación de bachilleratos populares está ligado a la concepción de la educación como vía de transformación social, como “práctica de la libertad” (Paulo Freire). La educación liberadora se desarrollaría entonces en espacios de educación popular por fuera de la educación pública estatal, ya que la escuela pública es “reproductora” del sistema de opresión capitalista. La convicción es que a través del desarrollo de la conciencia de quienes participen de otro tipo de educación (educación popular), crítica y cuestionadora, se podrá lograr la transformación social del sistema capitalista. Esta educación, alternativa y distinta a la  formal, se desarrolla en los bachilleratos como espacios de “contrahegemonía”, de “construcción de poder popular”.

Estamos de acuerdo con que la escuela pública reproduce las relaciones sociales existentes en un sistema de explotación y opresión de una clase por otra. Desde esta crítica nos paramos. Pero también consideramos que la escuela pública y su educación es parte de una conquista popular e histórica en la pelea por el acceso a la educación de las y los hijos de los trabajadores y el pueblo pobre. Y en ella también está la posibilidad de formar una ideología contrahegemónica. A su vez, a la escuela pública asisten hijos e hijas de diversos sectores sociales, y gracias a esto hay una diversidad socio-económica y cultural, que no siempre está presente en los bachilleratos populares. También conviven en la escuela pública distintas ideologías, a diferencia de los bachilleratos populares, como las escuelas privadas, religiosas, etc., en donde predomina una sola mirada, una determinada forma de entender la realidad.

Sin embargo, no defendemos la escuela pública tal cual está hoy bajo el capitalismo. Queremos una escuela donde seamos los docentes junto a padres, estudiantes y organizaciones sociales quienes decidamos qué y cómo enseñar. Una escuela que esté al servicio de la clase trabajadora.

Asimismo, queremos cuestionar la concepción de la educación como principal factor de cambio social, es decir, considerar que, a través de la educación “contrahegemónica”, se puede desarrollar la conciencia de los oprimidos hacia la necesidad de un cambio social. ¿Cómo alcanzar esta liberación, esta igualdad y el fin de la opresión del hombre por el hombre si estructuralmente, en nuestras condiciones materiales estamos oprimidos, enajenados, tenemos que vender nuestra fuerza de trabajo a un patrón para poder subsistir? ¿Si socialmente los medios de producción no están en manos de quienes producimos y movemos al mundo sino de los capitalistas, empresarios y los distintos gobiernos? Queda en el plano de las ideas, de la conciencia “pura”,  el hecho de considerar que se puede lograr la transformación social (entendemos que plantean que “no sólo”)  principalmente a través de la conciencia, sin el cambio profundo de las condiciones materiales. Respetamos la voluntad de cambio, no acordamos con la estrategia política, que resulta impotente.

A su vez, la gran mayoría de bachilleratos populares están ubicados en los barrios más pobres, ya que su política esta orientada específicamente a este sector y no a todos y todas los hijos e hijas de los trabajadores/as. Por eso, la educación que imparten llega sólo a una parte de la población más vulnerable, dentro de esos barrios. ¿Por qué no pensar que todos/as puedan acceder a este tipo de educación?

En segundo lugar, los bachilleratos populares son espacios que promueven la llamada educación popular, y están por la transformación social, pero se plantean como espacios “paralelos” al estado, a partir de la construcción de un “poder popular” como forma de “contrapoder” al estado. Teniendo en cuenta que el estado es de clase, y por lo tanto es la herramienta a través de la que una clase ejerce opresión sobre otra, es necesario tomar el estado y utilizarlo para los intereses de los oprimidos, para lograr la liberación completa de toda la sociedad, o al menos el tránsito hacia ello. Los bachilleratos mantienen una relación “conflictiva” con el estado capitalista, ya que proponen “arrancarle” ciertas demandas, pero a la vez “mantenerse al margen”. Esto se expresa en la contradicción de la pelea por el reconocimiento estatal, demanda que hace años los bachilleratos populares vienen levantando: ser reconocidos por el estado, lo que implica que los títulos secundarios que otorgan sean oficialmente válidos. Pero, ¿en carácter de qué son reconocidos? ¿En la órbita de la educación pública, que implicaría sujetarse a los lineamientos oficiales de política educativa? Sino entonces, ¿en la órbita de lo privado, a la que pertenecen las escuelas privadas, gestionadas por empresas, por la iglesia, etc.?

En este sentido, creemos que la creación de bachilleratos populares profundiza la fragmentación educativa, que es producto de las políticas neoliberales de los ’90, y que tiende a la privatización de la educación, a la fragmentación de la educación pública en “educación de gestión estatal, privada, cooperativa o social”, como establece la Ley 26.206.

Por un lado, el carácter de lo público hace referencia al libre acceso a, en este caso, la educación; implica asimismo la gratuidad. Sin embargo, los bachilleratos populares seleccionan a sus docentes, quienes no son elegidos a través de concursos públicos de cargos, como en la escuela pública, sino que se decide al interior de cada organización. Lo mismo sucede con los contenidos a desarrollar, los cuales son definidos por cada organización. En este sentido, favorecen a crear y desarrollar un sistema “paralelo” de educación, similar a las escuelas privadas y religiosas.

También fomentan la fragmentación entre los/as docentes, ya que algunos inclusive no se consideran trabajadores/as,  no cobran un sueldo docente, y en algunos casos cuando lo cobran lo ponen a disposición del movimiento, como no reconociendo que son parte de la clase trabajadora.

Venimos peleando hace años para que todo/a docente goce de los derechos del estatuto docente y tener los mismos derechos que cualquier trabajador. En este sentido, muchos/as integrantes de los bachilleratos terminan teniendo una política que divide y debilita esta lucha.

Finalmente, creemos que las propuestas de educación de los bachilleratos populares, de una pedagogía distinta, son válidas, pero que todos y todas deberían tener acceso a ellas. Para ello, es necesario luchar por un sistema educativo distinto, único, integral, donde toda la comunidad educativa, los docentes, padres y estudiantes decidan qué enseñar y qué aprender. Desde el Sistema Educativo público, existen secundarias para jóvenes y adultos, como los CENS y los EMEM, que buscan dar respuesta al derecho a la Educación de estos grupos.  Por eso los trabajadores de la Educación junto a los estudiantes tenemos que dar la lucha en esos espacios. Creemos necesario pelear por la construcción de más escuelas, una mejor educación pública, y que llevar a cabo otras propuestas “en paralelo” nos resta fuerzas y oportunidades para lograrlo. Nosotros/as defendemos la educación pública como conquista de luchas históricas, frente a los ataques, los recortes, los subsidios a la educación privada, la injerencia de la iglesia. El estado debe garantizar los salarios de los/as docentes, los concursos públicos de los cargos, el mayor presupuesto para la educación pública, la formación docente continua y permanente.

En este sentido, luchamos por recuperar los sindicatos docentes, para que no pasen más reformas que van en contra de nuestros intereses, que no avancen las divisiones, los ataques a los derechos laborales. Peleamos por tomar en nuestras manos la planificación y dirección de la educación, en base a decisiones de toda la comunidad educativa, docentes, familias y alumnos/as. El estado solo debe garantizar el financiamiento sin tener injerencia en los contenidos, planificación y decisiones escolares.

Para nosotros, la pelea por la educación pública, su carácter y su contenido, es una pelea del conjunto del movimiento obrero para apropiarse y reapropiarse de esa conquista. La lucha por una educación distinta está directamente relacionada con ser sujetos políticos, con pelear por una sociedad completamente diferente, donde no haya opresores ni oprimidos, donde la educación esté al servicio de la clase trabajadora, en el marco de una sociedad gobernada por los trabajadores.

Corriente Nacional 9 de Abril/ Lista MarrónTrabajadores/as de la educación

-PTS e independientes-www.la9deabril.org.ar

Category: Revista Cuestionando desde el marxismo

Comments (8)

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  1. Mariano dice:

    Cumpas: Antes de escribir sobre los bachilleratos populares, es importante que profundicen más sobre este tema, ya que no tiene nada que ver lo que dicen con la propuesta de los mismos, ni tampoco su historización (hablan de la selección docente en cuanto a los tres candidatos para tomar el cargo? que bachillerato quiere estar al margen del estado (vale aclarar que no todos tienen la misma posición). No menciona que hay muchos docentes sindicalizados como docentes de BP, somos trabajadores de la educación y no entregamos nuestro salario a la organización, nos consideramos escuelas públicas, y lo somos…etc etc. Hay que investigar un poco más compañeros, es un recorte demasiado chiquito y superficial. Un fuerte abrazo

    • corriente 9 de abril dice:

      Compañero, esta nota es a modo de disparador de un debate, sería bueno que si te parece “chiquito y superficial”, desarrolles tus argumentos más profundamente, así podemos intercambiar. Si bien sabemos que hay bachilleratos populares con distintas posiciones, el cuestionamiento que hacemos es más profundo y tiene que ver, como dice la nota, con una concepción política, acerca del estado y el cambio social, que no compartimos, y que sí comparten todos los bachilleratos populares. Además pedirte que te refieras a nosotras, en femenino, ya que las que escribimos la nota somos mujeres. Esperamos tu respuesta. Saludos

      Lu, Marie, Celes y Juli

      • juan pablo nardulli dice:

        Estimadas compañeras: Soy parte de la CEIP (cooperativa de educadores e investigadores populares), la organización que abrió el proceso de construcción de los bachilleratos populares. Quiero agradecer por la nota ya que nos da la oportunidad, como dicen, de desarrollar un intercambio que aclare algunas cuestiones. El compañero que les responde más arriba menciona algunas cosas que son importantes. De todos modos, y desde ya en el tono fraterno que corresponde al intercambio entre militantes, quisiera responder en estos dias a la nota de uds. No sé si este es el medio porque la respuesta es un poco larga.Uds. dirán sino de qué modo hacerles llegar el texto. Desde ya doy por descontada una repuesta positiva y el compromiso de hacerla pública,sin otro sentido que el de ampliar el debate propuesto desde esta página. Un abrazo y saludo la intención de las tres compañeras. Juan Pablo.

  2. juan dice:

    Sería interesante

  3. juan pablo dice:

    Estimadas compañeras: como parte de la organización que puso en marcha la experiencia de los bachilleratos populares agradezco el interés de uds. por nuestra actividad. Hay cuestiones que mencionan que requieren algunas aclaraciones (algunas son informativas y otras más bien conceptuales) y quisiera hacerles llegar una respuesta a la nota por uds escrita.El compañero que comenta más arriba toca algunas cosas importantes y, desde ya en el tono fraterno que corresponde al intercambio entre militantes, me gustaría hacerles llegar esa respuesta. Como sería una respuesta algo extensa no sé si el espacio de “comentarios” sería el adecuado pero entiendo el interés de uds de disparar un debate. Doy por descontado una respuesta positiva y el compromiso de hacerla pública. Saludos a las tres. Juan Pablo.

  4. Corriente 9 de Abril dice:

    Juan Pablo, estaría muy bueno que publiques tu respuesta en este mismo blog, no importa que sea larga, así continuamos el debate públicamente, y damos la posibilidad de que haya más respuestas y posiciones de otr@s compañer@s. De todos modos te dejamos un mail por si querés escribirnos ahi, pero nos parece que lo mejor es que cuelgues tu respuesta por acá. Saludos!
    Lu, Marie, Celes y Juli.

    • juan pablo dice:

      Estimadas compañeras: En principio quisiera aclarar que las líneas que siguen están escritas desde la perspectiva de la organización de la que formo parte y que puso en funcionamiento los primeros bachilleratos populares. Quizá desde otros espacios sería posible decir otras cosas. Desde la CEIP hemos asumido el desafío de construir espacios educativos, en el ámbito específico de la educación de adultos, que conjugan rigor en términos académicos – apostando a la conformación de equipos de trabajo interdisciplinarios que combinan la docencia y la investigación – y al mismo tiempo un anclaje en el proceso de organización popular al que cada bachillerato está irrenunciablemente ligado – sea la empresa recuperada, la lucha sindical, etc. A riesgo de decir lo obvio, señalar como una suerte de defecto el carácter político de la educación es algo que ya no tiene sustento: toda educación es política por la misma razón que todo preso es político. Nadie que se haya aproximado a un bachillerato popular impulsado por la CEIP podría seriamente confundirlo con una escuelita de formación de cuadros. En cualquier caso existe una extensa bibliografía crítica acerca de la noción de ciudadanía que orienta la formación de sujetos políticos – pensadores del mundo desde perspectivas ideológicamente situadas en los parámetros de la lógica del capital aunque barnizadas de corrección y asepsia política – en el sistema escolar en el mundo capitalista que convendría revisar. Al menos en los bachilleratos de nuestra organización los equipos docentes están conformados por docentes e investigadores que trabajan además en diferentes circuitos del sistema educativo. Nuestro compromiso militante refuerza, en todo caso, nuestra tarea. Esto desmiente de paso el comentario, que ciertamente no refieren las compañeras autoras de la nota, sobre el carácter “estudiantil” de la experiencia. Lejos de ser “colados de la docencia” somos parte del campo de los trabajadores de la educación y, digamos de paso y con toda claridad, reivindicamos no solo nuestra condición de trabajadores sino a la organización sindical como herramienta de clase.
      Las compañeras sostienen el carácter paralelo, alternativizante y/o informal de la educación popular. Es un hecho que diferentes expresiones de la – digamos – izquierda posmoderna aparecen asociadas a la proliferación de experiencias de educación popular. Es cierto que en un campo de límites tan difusos – ¿quién es el dueño de la educación popular, después de todo? – ha habido y hay experiencias situadas en esas coordenadas. Desde la CEIP seguimos en este punto el precepto freireano de impulsar desde las organizaciones populares, en el campo de la educación de adultos que es nuestro ámbito, espacios educativos sin dejar por ello nunca descansar al estado burgués sino interpelándolo desde un segmento específico del propio sistema educativo. En este punto tomamos distancia, respetuosa pero claramente, de las organizaciones sociales que impulsan espacios educativos “comunitarios” que pretenden constituirse en una suerte de circuito educativo paralelo. No deja de resonar en estas experiencias el recorrido de agrupamientos autonomistas que en otro plano reivindicaban la posibilidad de construir circuitos productivos paralelos a la economía capitalista capaces de sostenerse “en los márgenes” del sistema.
      En relación a la presentación de Freire que hacen las compañeras, entiendo que merece ser completada en un punto fundamental. Es cierto que en sus primeros escritos la concientización aparece como la clave de la transformación social. Pero no es menos cierto que el propio Freire revisó el idealismo de sus planteos iniciales a la luz de su práctica y de una reflexión que incorporó paulatinamente aportes del marxismo: es la praxis transformadora de los sujetos en el proceso de organización y lucha la que permite aprehender la realidad en el proceso de revolucionarla. Estamos completamente de acuerdo con lo que escriben las compañeras: la concientización, momento lógico necesario, no cambia la realidad. Es más, por esa vía no sería difícil llegar a la fantasiosa afirmación liberal – compartida incluso por militantes de la izquierda sarmientina – de que la educación nos hace libres. Lo que nos va a liberar a todos y a todas es la lucha contra este sistema que nos oprime. El viejo Freire – que revisaba sus supuestos iniciales diciéndose “…yo era idealista como un pequeño burgués intelectual” – tenía claro esto.
      Desde la CEIP de ningún modo renunciamos a la exigencia al Estado en su papel de responsable del derecho a la educación, aunque lo hacemos a sabiendas de que este Estado, el Estado realmente existente – llamémoslo Estado Capitalista – está atravesado por la contradicción irresoluble de presentarse como garante de la igualdad de los individuos abstractos y al mismo tiempo como garante de la reproducción de un orden capitalista que se fundamenta en la desigualdad concreta. Contradicción, como señalara Marx, sin solución en los marcos de lo que existe y que necesita de la ruptura revolucionaria de esos marcos para su superación. En un sentido los bachilleratos populares representan en su campo específico la misma denuncia de esa contradicción que en el suyo representan las empresas recuperadas. En otro plano pero dentro de la misma lógica otro tanto podría decirse de todo lo que desnuda la toma del Parque Indoamericano en diciembre de 2010. Ni las administraciones progresistas – de un progresismo capaz de reivindicar los setenta a condición de recortar las banderas revolucionarias que marcaron esos años – ni las liberal-conservadoras – por razones mucho más comprensibles – pueden resolver el dilema que les plantean estas presencias disruptivas. El Estado, este que presentan con vehemencia y claridad las compañeras como instrumento de clase ¿puede garantizar verdaderamente una educación pública de las características que plantean las compañeras (y que compartimos)? ¿Puede decirse que la proliferación, para nuestro ámbito específico que es la educación media de adultos, de planes y programas “parches” elaborados en los escritorios de especialistas se acercan siquiera remotamente a una respuesta a la lucha histórica por el derecho a la educación de los adultos de los sectores populares? Que la respuesta a estos interrogantes sea negativa no lo explica – al menos en un sentido profundo – la inoperancia de los funcionarios. En este escenario y en tanto no exista un Estado que exprese otros intereses de clase nos parece que la experiencia de los bachilleratos populares puede tener algo que decir al conjunto de los compañeros docentes – especialmente a quienes asumen el ámbito sindical como espacio de construcción – en la lucha por una educación que camine con los trabajadores y el pueblo en el camino de su definitiva liberación.
      Agradecido desde ya por la oportunidad de sumar algún elemento al intercambio sobre este tema les hago llegar un abrazo. Juan Pablo.

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